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02 febrero 2017

LA PAPOTILLA

 

El fenómeno de LA PAPOTILLA o LA PAPOTA es conocido por ciertas personas que han compartido al menos una o dos veces en su vida,una actividad en común. Algunos o algunas, pueden llegar a convivir con ella todo el tiempo, tanto así, que llegan a naturalizarlo. El siguiente relato busca explicar, como se siente LA PAPOTILLA

Estoy acostado en el piso. Tengo los pies sobre el borde del costado izquierdo del sillón naranja. WAO. Un gato salta desde no sé que posición y cae en el respaldar del costado derecho del sillón. Otro salto, y se estabiliza en la misma zona en la que tengo los píes. Luego de poder apoyarse firmemente, comienza a acercarse con una bella lentitud, casi como si cada paso fuese medido, fría pero bellamente calculado. Veo como sus diminutas uñas, ingresan y salen de la tela del sillón con extrema facilidad. Firme pero elegante, se posiciona al lado de mis pies. Me roza con su pelo gris claro, y vuelve a saltar cayendo al lado de mi cuerpo.

Ya a mi lado, su pequeño cuerpo esbelto comienza a achicarse, juntando sus patas contra su cuerpo, comprime su cuello. Me hace acordar al mismo movimiento que realiza una tortuga cuando se siente amenazada. Cierra los ojos. Tomó al gato con mi mano derecha, es fácil de agarrar. Lo apoyo sobré mi pecho desnudo. Su cabeza mira para mis pies, y su cola estirada me llega hasta la pera.  Tomó la cola con mi mano izquierda y la pongo en la posición determinada para tapar el ano color rosa claro.

Abro mi boca y tomo al gato con las dos manos, sigo sosteniendo la cola tapando el ano, empiezo a acercarlo a mi boca, siento su pelo pasar por mis dientes,  sus pequeñas uñas, golpean contra mis dientes inferiores, y el lomo comienza a rozar mi velo palatino (la parte rosada o roja del maxilar superior).En ese momento, ya  podía sostener la cola con un solo dedo y utilicé la otra mano para levantar un poco las patas delanteras y que puedan pasar más fácilmente por mi boca. Sentía como el pelo comenzaba a expandirse en mi boca,cubriendo todos los espacios, las uñas se deslizan por la lengua, dándome unos  pequeños pinchazos, no dolorosos. Los ojos cerrados. Terminé de empujar su pequeña cabecita con una leve fuerza ejercida por mi dedo índice.

Ya podía cerrar la boca. La cabeza del gato chocaba con la parte interna de mis dientes frontales. El gato siguió el camino gracias a la fuerza que hacía con mi saliva. Mi cuello se contraía y se estiraba, hasta tal punto que llegaba a deformarse. Las venas adquirieron un color violeta intenso y  se habían hinchado a niveles extraordinarios. El gato continúo deslizándose hasta llegar a la mitad de garganta, donde está la nuez.

Así lo siento, allí se queda, varado, atascado, trabado. Al lado, tengo un vaso de agua, o lo que fue un vaso de agua, porque solo quedaba un mínima capa de liquido, que sería un 1% del contenido que podía entrar en el vaso. Tomé lo que había y el gato se mojó mínimamente . Abrió sus ojos, de un color parecido a la parte mas amarilla de la piel de un tigre. Maulló y allí se quedó.

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